Marty Supreme

Diary Entry forMarty Supreme

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juan
Tuesday, 10 February 2026

“I’m going to do to Kletzki what Auschwitz couldn’t.”— Marty Mauser From the outside, it looks like a straightforward sports drama, but the film slowly turns into the kind of pressure machine the Safdie brothers are known for, constantly squeezing the audience. The momentum keeps tightening until it finally spirals out of control in a suffocating final act. Timothée Chalamet becomes the film’s center of gravity, delivering a performance that is calm, precise, and charged with a persistent sense of unease. Marty Mauser emerges as a compulsive hustler and a deliberately irritating antihero, an unforgettable dirtbag who also reflects a warped version of the American dream. The music works quietly in the background, keeping the tension taut without ever forcing emotion. When the credits roll, the impact still lingers. Everyone here is chasing something, Marty just goes after it faster, rougher, and without pretending otherwise.

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ElielSoto

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Dream big & never surrender

8d ago
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isaak

Marty Supreme

cinema

9d ago
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Eiblin

Marty Supreme

Marty Supreme se siente como una droga: primero euforia, luego ansiedad, después abstinencia. Es como la pastilla azul que te mantiene erecto, pero de tensión. Aunque ¡OJO! que puede colapsar de pura taquicardia. NO SPOILERS/ SIN SPOILERS. Sinopsis: En la Nueva York de los años 50, Marty Mauser, un joven con un sueño que nadie respeta, va y vuelve del infierno en busca de la grandeza. ¡Y vaya que sí fue al infierno! Esta fue una de las experiencias más locas que he tenido en una sala de cine. Jamás se me había pasado una película tan rápido: cuando terminó, solo pensé "¿Ya?" Porque es tan intensa que no sabes cuando acabará. Salí con los pelos de punta, cantando Everybody Wants to Rule the World y sintiendo algo parecido a lo que creo que es la abstinencia, porque es una película tan adictiva e hipnótica en su ritmo, que nunca querrás que se acabe. Y el hecho de que empezara con Forever Young. Dios mío, I had chills like three times watching this film. Sentía que levitaba de la silla. ¡Qué euforia! Les juro que al menos hubo tres momentos que me erizaron la piel y varios más que se volvieron instantáneamente icónicos: escenas que no sólo me mantuvieron al borde del asiento, sino con las manos en la boca diciendo “OH GOD, OH GOD, OH GOD, esto no puede salir tan mal…” y ¡SORPRESA! salen peor. Algunas de ellas eran más inesperadas que otras, pero toda la sala quedaba en velo, todos —absolutamente todos— reaccionando al mismo tiempo ante ese frenesí desbordado de caos, violencia y crudeza. Habían escenas donde la línea entre comedia y thriller se desdibujaba con una facilidad impresionante, gracias a la interpretación de Chalamet; y otros momentos cómicos donde toda la sala se ahogaba en risas o se veía impactada por la naturaleza reveladora de situaciones que desnudan a los personajes, mientras se mezcla de forma interesante la comedia con el drama. Marty Supreme es la primera película de los Safdie que genuinamente me puso en estado de alerta constante, porque su protagonista parece estar atrapado en un espiral episódico de situaciones intensas muy bien planteadas, pero que reduce la taquicardia con escenas que rompen la tensión de manera sutil y, al mismo tiempo, le agregan dinamismo. Sin embargo, la mayor parte del metraje se sintió como ver After Hours, pero Paul en vez de ser víctima de su propia sal, es un Marty imán de su propia destrucción. Y hace que la experiencia se sienta más sofocante y tensa que cualquier otra. Y esto es una marca autoral en los Safdie: construyen personajes miserables y moralmente defectuosos que cavan su propia tumba, pero extrañamente magnéticos que se clavan en tu retina y, aunque te obligan a fumar su aire vicioso de incertidumbre, quieres que salgan vivos con su impulsividad casi suicida. Si le añadimos a eso un ritmo frenético, una atmósfera sintética casi de ensueño y una edición caótica casi perfecta, salen historias precoses que inducen eléctricamente ansiedad, apoyándose en técnicas narrativas casi documentales y callejeras, claramente heredadas del Scorsese más nervioso y urbano, que los Safdie —los arquitectos del desenfreno audiovisual—emplean de forma magistral. En este sentido, si en Good Time la supervivencia era una carrera neurótica sostenida por inercia e improvisación, y en Uncut Gems la ambición se convierte en ludopatía; aquí, la obsesión se transforma en delirio de grandeza. Y en los tres casos, los protagonistas son instrumentos ciegos de su propia caída: hombres repugnantes con alas imaginarias que vuelan obsesionados a lo más alto en búsqueda de su éxito inalcanzable, solo para quemarse y desplomarse. En este caso, la tercera entrega de esta trilogía —oda a la ambición y al desenfreno— traslada todo lo visto anteriormente a la Nueva York de posguerra en los años 50. Bajo un frenetismo exacerbado y una imagen granulada, sucia y decadente, se presenta el biopic ficticio de un jugador de ping-pong judío inspirado en Marty Reisman. Sin embargo, esta no es más que una fachada para filmar la biografía no autorizada del sueño americano: uno que suele representarse como una historia romantizada donde el éxito cae del cielo, cuando en realidad es la grotesca crónica del triunfo a cualquier precio. Para lograrlo se requiere un orgullo desmedido que te haga creerte el mejor del mundo y una ausencia casi total de escrúpulos que permita engañar, manipular y destruir a cualquiera que se interponga en el camino. En este contexto, Marty Supreme funciona como un punto de inflexión dentro de la filmografía de los Safdie y como una representación simbólica del sueño americano: la odisea infernal de un migajero con delirios de grandeza, capaz de hacer lo que sea para alcanzar su fantasía de éxito. Sin embargo ¿saben por qué con cada decisión que toma, se hunde un poco más en el hoyo que él mismo cava? Por su ambición, arrogancia, prepotencia y narcisismo. Marty proyecta su miseria en la vida de sus seres queridos. Se pega, consume, drena y descarta como una garrapata; una especie de robin hood que, en lugar de robar a los ricos para los pobres, roba estratégicamente para sí mismo y su sueño de grandeza. Un niño engreído, patético y voraz, desconectado de la realidad, que camina por la vida con el orgullo inflado y la conciencia CASI amputada. Es el esperma que fecundó primero, la génesis de todos los perdedores obsesionados por el éxito desmedido. Si Salieri en Amadeus (1984) rogaba ser el instrumento elegido de Dios, Marty se da por elegido como el mejor jugador de ping-pong y le exige al mundo que se arrodille ante esa ficción que él mismo ruega, con desesperación, que se vuelva una realidad. Marty es un manipulador carismático, completamente desnudo en su narcisismo individualista, atrapado: en esa espiral episódica donde un solo acto de humillación basta para revelar la lógica interna de su podrida moral; en un juego frenético de descontrol y una cacería de recursos guiada por una determinación que funciona como un arma de doble filo, ya que lo hace avanzar, pero también retroceder. Y en este contexto, el dinero opera como el combustible de esa voluntad desmedida que puede llevarlo tanto al estrellato como a la tumba. Esta dinámica descrita induce al espectador a un estado de alerta constante que lo mantiene al borde del asiento, esperando el próximo desastre que Marty inevitablemente va a provocar. Como Diamantes en bruto, pero sin ludopatía y más adicción al yo que a las apuestas; un ludópata que, en lugar de apostar dinero, apuesta su propia humanidad, impulsado por una necesidad patológica de escalar, de imponerse, de ser más que los demás, aunque eso implique convertirse en un parásito despreciable. Un estafador que solo aparenta amabilidad con quien pueda acercarlo un centímetro más a su fantasía, una que la película define desde el primer segundo con Forever Young: la ilusión de ser eterno a través del éxito. De esta manera, Marty es un estudio complejo sobre la obsesión, la búsqueda de propósito y la ambición, todo integrado en un guión versátil y dinámico, con actuaciones excelentes y una puesta en escena brillante. Su edición mantiene el BOOM BOOM de tu corazón, generando una experiencia emocionante, trepidante y absorbente. La cámara captura cada punto del partido de ping-pong, transmitiendo tensión física y adicción al ritmo implacable de la cinta como en Challengers (2024). El sonido anacrónico ochentero en los años 50s es igual de grandioso y delicioso que en diamantes en bruto; y actúa como un hilo sintético que, únicamente Oneohtrix Point Never puede tejer, para atrapar al espectador en esta épica batalla de Marty Mauser contra su propio ego. Dicho así, Marty es el protagonista y el antagonista de su propia historia. Queda en manos del espectador decidir si finalmente esas lágrimas que salen de sus ojos lo liberan momentáneamente de su condición despreciable —si insinúan chispas de una posible redención— o si, por el contrario, lo condenan al exhibir la naturaleza patética de un hombre incapaz de imaginar la grandeza sin antes esquivar la responsabilidad. Quiero pensar que llora de tristeza por lo segundo, pero también de felicidad por su nueva razón de existir. En esencia, a nivel técnico y como experiencia, es maravillosa y superior a cualquier otra que hayan hecho. Personalmente, después de estar todo un día emputado por haber comprado boletas para una sala estándar al mismo precio que para una sala VIP y de querer sacarle el dedo de “FUCK YOU” a Marty en varias ocasiones, pero me daba pena, salí enamorado una vez más del cine. Quizá no sea la historia más original o impactante, que te cambie la vida y te deje con alguna crisis existencial, pero es una experiencia eufórica y singular que querrás repetir una y otra vez por sus efectos secundarios. Mención honorífica de reseñas. Luis G. ElOjoCrítico (https://boxd.it/cKi3yL) (la mejor reseña ever) Alejandro Trejo (https://boxd.it/cF43WP) Lé (https://boxd.it/cItFej) GuilleFierro (https://boxd.it/cG2Nz3) https://boxd.it/cKUjU5Isa (https://boxd.it/cwvZwt) (tiene spoilers). Josué Estrada (https://boxd.it/cKUjU5) Leo Reyes (https://boxd.it/cNiiFp) (jajajajajs tiene spoilers, pero es graciosa). Alexander (https://boxd.it/cOT3QF) (ohh!!) hnstlyrodriletter (https://boxd.it/cWCFtH) (EL MÁS CRACK haciendo reseñas en español!!) PD: Estaré leyendo más reseñas y añadiendo ;))) en definitiva la película más frenética del 2025. Además que amé ver a Tyler, The Creator y esa personalidad extravagante que emana, primera vez actuando y lo hizo increíble. Lo amé. Les juro que con él, se ejecutan las 2 escenas más inesperadas (que, honestamente, no me puedo sacar de la cabeza). Me encantó también cuando salió THE PERFECT KISS de New Order!! Escuchar sonidos en la derecha y luego en la izquierda ;) PD2: Es un 4 sólido, pero le regalé media estrella por tremenda experiencia y lo técnico que me pareció increíble. De pronto, le baje a 4 estrellas, ya que creo que depende mucho del factor sorpresa; sin embargo, muero por verla de nuevo se los juro.

16h ago
therelaxingone

Marty Supreme

I think Marty Supreme is a solid, okay film — but unfortunately I walked into it carrying the weight of its own hype. Maybe that’s on me. When a movie gets built up as the next big thing, you start bracing yourself for something transcendent. And while this didn’t quite reach those heights for me, I can’t say I disliked it either. It just didn’t hit the emotional or cinematic peak I was expecting. Timothée Chalamet is good — reliably good — but not in a way that feels particularly transformative or career-defining. He carries the film well, but I never felt like he disappeared into the role. The supporting cast is similarly solid without delivering a real standout moment that lingers after the credits roll. The real highlight for me was the soundtrack. It does a lot of the emotional heavy lifting and gives the film an energy that sometimes the performances don’t fully sustain. There are moments where the music elevates scenes into something greater than what’s happening on screen. What stuck with me most, though, was the meaning I personally pulled from it. Beneath everything, I saw a story about chasing that one holy grail of a dream — obsessively, relentlessly — going after a purpose that feels bigger than you, even if it costs you comfort, stability, or relationships along the way. That idea resonated. The pursuit of something singular, something defining. The question of whether it’s worth it. So yeah — it’s good. Not mind-blowing. Not life-changing. But thoughtful, well-made, and thematically compelling in ways I appreciated more after sitting with it.

17h ago

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